Maldecir

“Mala tormenta de estiercol te pille con la boca abierta”

Cielo playero otoñal
Tras la tormenta viene la calma.

Oía hace unas horas esta maldición tan poética como agresiva, y gracias a que el “maldecidor” insistió en comunicar su intención pude parar y escuchar el mensaje, un mensaje claro y directo al malestar de su receptor,con una clarísima carga de rechazo y casi de odio hacia él, pero sin un deseo de causar un daño permanente, “fuera aparte” ( me encanta esta expresión ) era tan poco probable que sucediera que quedaba en una simple demostración de animadversión del uno hacia el otro.

Pero no voy a dedicar mucho tiempo a esta frase casi perfecta para representar el desprecio y el desagrado que alguien nos provoca, solo el justo para alabar esta prosa breve y concisa, que en este tiempo de mensajes sobrecargados de palabras pero vacíos en contenido resulta una piedra preciosa de la literatura popular.

Mientras el insulto directo una agresión elevada a una persona concreta causa daño y puede ser respondido con agresividad por parte del insultado o insultada, la maldición, y no confundamos maldecir con amenazar, no socava ni el honor, ni la autoestima del otro, se puede maldecir a una persona querida sin cambiar el tono en modo de broma, cosa que no es posible con el insulto, no es lo mismo recordar y asignar oficio a la madre de alguien que desearle pasar por una situación desagradable y casi imposible; el insulto es un disparo directo y la maldición, aparte de ser muy sensible al contexto, solo genera una atmósfera de incertidumbre, de inseguridad y despierta la imaginación del /de la maldecido/a, generando un malestar silencioso.

Imaginemos que eliminamos el insulto de nuestro sistema verbal y lo sustituimos por la maldición, bajando así la violencia que se está enquistando en nuestra sociedad sin perder ese punto agresivo que late dentro del simio que somos, bueno vale, sería mejor que todos nos dijéramos, como pretenden los positivistas, cosas bonitas, eso que se lo plantee la próxima generación.

Maldeciros hermanos y hermanas que de la maldición compartida nace el amor, que si alguna vez llegamos a vivir una de ellas, desarrollaremos la empatía y no desearemos a nadie lo vivido, “yo ya he vivido eso y no se lo deseo ni a mi peor enemigo”.

La maldición es el proceso por el que se humaniza el odio y lo suaviza, pero no respondamos nunca una maldición con un insulto.

Aunque yo hubiera añadido “… y sin cobertura en el móvil”

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Publicado por

Txentxo

Soy una sorpresa para mi mismo ....